19 enero 2012

“Para construir un nuevo mundo hay que tener capacidad de delirio y vocación subversiva”

Entrevista a Vicente Zito Lema poeta, periodista, docente, militante de derechos humanos


Eduardo Galeano cuenta en su libro “Días y noches de amor y de guerra” cuando Vicente dijo un discurso el último día de la huelga de hambre por los presos políticos, allá en el año 1971: “Vicente se alzó en las tribunas y más allá de la multitud vio a su mujer y a sus hijas jugando en el prado con las vacas y los perros, entonces se olvidó de las consignas políticas y se lanzó a hablar del amor y la belleza. Desde abajo le tiraban del saco, pero no había manera de pararlo”. Y todavía no hay manera. Vicente Zito Lema (Buenos Aires, 1939) es uno de los protagonistas y supervivientes de una generación que vivió una de las etapas más trágicas y heroicas de la historia reciente de Argentina. Empezó a escribir desde muy joven para encontrar la belleza y a la vez, estudió derecho para luchar contra la injusticia social. Para él, “sin justicia y sin belleza no se construye el mundo”. Sin embargo, sus inicios en esa búsqueda de justicia, fueron trágicos. En una charla de la universidad en la que se encontraba la madre del Che, aparecieron fuerzas para-policiales y dispararon a mansalva. Algunos de los allí presentes cubrieron con sus cuerpos a la Madre del Che. El recibió dos balazos en una pierna y su compañera Malena cayó muerta por un disparo en la cabeza. “Te quedan dos caminos: o te escapás y nunca más volvés o te hacés más duro y seguís”. Muchos compañeros habían caído ya y otros más habrían de caer por el odio y las balas, así que decidió seguir.

10 enero 2012

Juventud, divino tesoro.

Por Pablo Solana. No es la secuencia de una película de acción, ni una crónica del accionar de las "maras", pandillas armadas en Centroamérica. Se trata del Gran Rosario, por estos días: cinco pibes fueron asesinados. Pero también son jóvenes sus matadores. Una juventud empujada al abismo que encuentra salida en la organización comunitaria y la militancia.
Facu, de 18 años, fue acribillado de 8 disparos por Maxi, de 24, tres días antes de fin de año. Leonel Danonino, de 17, manejaba la moto desde la que el Negro Ezequiel, de 22, disparó en represalia contra el primero, que iba con su novia Sofía y una amiga en un BMW, en Año Nuevo. Maxi, con tres tiros en el cuello, ordenó la masacre que acabó, en un sinsentido, con la vida de Jere, de 17, el Mono, de 19 y Patón, de 21, ejecutados a pura ráfaga de ametralladora por una banda integrada por Damiancito, de 21 y Oscarcito Teletubi, de la misma edad (la policía lo confundió con otro pibe apodado igual, Ariel, de 17, preso esa misma noche por el robo de un departamento). Después, el Negro Ezequiel, para escapar, volvió a abrir fuego contra los matones de los pibes, con su 9 mm. Casi en simultáneo, cerca de allí, por otras causas, en el barrio La Tablada, Ale, de 15, fue acribillado desde otra moto, y Ramón, de 24, recibió balas mortales en Empalme Granaderos (1).